El arte de la persuasión

Fotografía Corporativa - Penélope Boñar

Imagina que quieres ganarte a alguien a quien no le caes bien. (O que no quieres, pero tienes que hacerlo: por ejemplo, con un rival político.)

¿Qué harías?

¿Ser amable con él? ¿Hacerle un cumplido? ¿Ofrecerle tu ayuda?

¿Pensarías a lo mejor en… pedirle un favor?
😳Seguramente no, porque no es un pensamiento nada lógico.

Y sin embargo eso fue lo que Benjamin Franklin hizo.

Se enteró de que otro legislador tenía muy mala opinión de él, y para ganárselo…le pidió prestado un libro raro de su biblioteca particular.
El rival, empujado por el deseo de ser educado, se lo prestó.
Lo cuenta Ramón Nogueras en su libro «Por qué creemos en m¡erdas»

“Franklin lo devolvió al cabo de una semana, con una nota de agradecimiento.
La siguiente vez que se encontraron, su antiguo rival le habló con más amabilidad e incluso le dijo que contara con él para lo que necesitara. ¿Por qué?
El rival de Franklin experimentó una leve disonancia entre «Franklin me parece un gilip*llas» y «Le he prestado un libro valioso a un gilip*llas solo por ser educado».

Esto es una contradicción, porque prestar libros a gente que no nos cae bien es de ser muy tonto. Por tanto, una posible justificación sería modificar tu propia opinión del otro «El tal Franklin debe de ser un tipo majo, ¿no? Si no, ¿por qué iba yo a hacerle un favor a un cretino? Por tanto, no puede ser un cretino, al contrario, debe de ser un buen tío que merece un favor».”

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No, no somos tan lógicos como nos empeñamos creer. Comunicar o actuar solo desde lo que «debería ser» es como hablarle a alguien en un idioma que no entiende.
💡 Debemos empezar por aceptar nuestras contradicciones.

📌 Y sobre todo comprender que la persuasión NO va de manipulación, sino de conocimiento.
De ejercer una influencia positiva para un bien mutuo.
Y de hablar un idioma común que bien vale la pena aprender.

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P.D.: El libro que quieres no sé si lo tengo, pero una formación en comunicación persuasiva diferenciadora para vuestro equipo, seguro 😉.

¿Qué nos enseña la mejor coach de oratoria, o sea, la audiencia?

Que una charla no se mide por lo bien que gesticules, lo poco que te trabes al hablar o lo brillante que sea tu actuación.

Una charla se mide por el valor de su mensaje, por cómo logras que llegue a la mente y el corazón de los que te escuchan y por cuánto les ayudas.

No va de ti.

Va sobre ellos.

 

Gracias, coach.